Muchas palabras estampadas con violencia y desesperación, todo contra un rostro. No hay nada mas que ver, papá, estoy muerto. No hay nada más que ver, tan solo piedras.
Serotonina melancólica entre mis dúctiles pensamientos, venas abiertas de hijos fallidos. Están muriendo todos.
No hay ya mas que leer, todo se acabo, nada más que escuchar sobre esta montaña entornada, solo el reflejo de la cuchara apuntando con delicadeza sus estrías sobre la demencia y la presión atiborrada por la inexistencia mas pura de cada ser.
No soy nada de lo que solía ser, desconozco a mi yo feliz, aquel muchacho que saltaba al rededor de la reina de mis mundos y, ahora, solo queda un cobarde. Esto no es casa.
Extraño los amores tibios, los entrelazados y jamas yuxtapuestos, esos que calientan el invierno mostrando su acogedor abrigo de cuerpos. Las suaves, las tibias, las mansas... las simples palabras que siempre me recuerdan a ti, tu aliento, tu cuerpo, tu iz. Lo deseo todo.
Jamas pensé en ser tal como lo que queda de mi- el escarnio es prepotente y viste sus mejores armas , esta dispuesto a acicalar mi rostro con pasión- , tan estúpidamente insólito, pasajero blandengue, y debil. Muerto.
Demasiadas distracciones e interpretaciones, me siento aturdido, es una espiral incólume, álgida y en su perseverancia no duda en consumirme lentamente desgarrando todo lo lo hermoso que llevo dentro y desde atrás, sobrepuesto, por fuera.
La belleza de ser tu te acompaña. es el cielo el que no quiere verme así, no yo, siento cólera, y mucha rabia, siento que mi amor desencadeno a la rabia cual fruto de un verano terco y petulante; pero, realmente, este fruto esta marchito, desde mucho antes de la concepción y construcción, desde antes de ser la idea original. Mis manos tiemblan nuevamente deseándote cada estúpido día, entre segundos la vida es mas horrible. El deseo es cada vez mas intenso.
En estado de pánico evado las brillantes señales de paz, avanzan muy rápido y sus olores se van en esta rueda de voces y la nada consume lo que que pude dejar echado sobre los dolores de mesa. Es hora de pedir mas fuerte y desear algo menos penoso, este barril esta girando contra mi cabeza, solo una, nada mas que una sola me recordara que nada sera hecho por mi mismo-ellos se ríen de la ignorancia- si tu mano no esta puesta sobre mis cejas apaciguando mis ceños fruncidos.
Grito intensamente tratando de escuchar algunas voces de respuesta, nadie puede escucharla ¿realmente sucede?¿cierto? Es solo el eco de mis gemidos aplastándose contra la pared enorme de mis temores. Soy un sinople cobarde de piedras y los peces ya están afuera.
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