viernes, 20 de abril de 2012

Edgerob

¿Cómo podría dormir? ¡Bajos nuestros pies los muerto!; peor aún, sobre ellos mismos, también, los muertos.
Sus densas miradas no han sido amasadas, lo veo en sus ojos, agrietados cual barro seco, nadie jamas los consoló
Es tan justo el no encomendarse al ficticio padre inerte, prefiero sepultarme en el olvido. Al menos seria en parte un ser real.
La muerte, la muerte está, la muerte, esta, la muerte aquella. La muerte perfecta.

¿Cuándo aceptamos el no curar a los descalzos?
Andaba con la mirada directa hacia el suelo, todas las lineas, armoniosas, fueron impartidas con desprecio sobre la linea de mi vitalidad. Me enseñaron a jamas escuchar.

El amor, la compasión, la transgresión de mi ser sobre los conceptos de humanidad.
No soy el mismo, me siento desplazado. No se si más feliz, más distante o equilibrado. Me siento, al menos algo mas perturbado y algo mas consciente.

Mujer negra, mágica, felonía intransigente.
Es cierto, quieres que te vea con sensualidad.
Quieres ser las imponentes cornisas de la vieja capital. Ahora eres solo humedad en el paraíso y lo sabes bien, estamos destinados a vagar por los bares de la capital, aquellos mismos que solían acoger a poetas y grandes pensadores, ahora acogen a este cuerpo abrumado de alcohol, saturado en el tanathos y la melancolía de tristes arquitecturas.

Mi alma esta rota, por dentro soy cenizas marrones de sal
Me siento alicantropado e infeliz, sera la lima turbia de balcones marroquí

Soy la roca frente al mar resegada y triste por mirar

Esta noche tus labios no me pertenecen más, soy un esclavo de la noche junto al nuevo yo animal
Soy un suplicio caudal, mis entrañas amarillas y tristes por soñar.

Hoy me siento sobre los mantos de la melancolía,
entre sus cálidos mantos me retuerce en su silla,
nido azul de l inclemencia,
golpeaste incesante mi puerta
tu, ya muerta
azotas mis oleos con demencia.

Algún dia diré que fui grande y que amor hubo en mi vida
mientras soy un gigante sin amor y de piel caída.

Somo polvo de pastizales, yo el guano y tu la flor. Estamos en el cementerio esperando a que por fin nazca el sol.
Soy un ser moribundo y detestable.
No hay ya más quien me hable
Y en esta noche fría de mil veranos
moriré, sin lugar a duda, deseando entrelazar tus manos
Pues, la verdad es que quiero tu rostro,
tan simple, tan hermoso para este simple monstruo.

Tanta maldad es necesaria, hay mas belleza en da que encomendarte a la mediocridad del sedentarismo , un día como hoy los muertos en mi cabeza serán coronados por su valentia; pues, realmente es el día de los albores en que tu manto cubrirá mi cabeza con amores.



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