jueves, 19 de abril de 2012

Epifanía del dolor

Veo a mi padre, va marchando, ya cogeando, hacia la rutina, por el mismo claro por donde baja el sol.
Lo veo de espaldas mientras se aleja, veo su cabeza marchita y su figura envejecida. No deseo que mueras papá.
Lo veo y esta inmerso en su vida, en la suya esclavizado, entregada a nosotros. El no voltea
Realmente no se ah percatado que no cerré nunca la puerta al él salir. Lo sigo mirando.

Veo como se marcha entregándose a la rutina, a pagar cuentas, a ser un hombre galleta listo para partirse o ser devorado, me da pena no poder abrazarlo-me apena más el no poder darle un poco de juventud en lugar de mi suplicio y mis intentos falsos de amor-, me da pena no poder extinguirlo.

Me duele verte marchas tras tus mismos pasos, me asusta perderte y que no regreses. Tengo miedo y frió, estoy enfermo y con el cuerpo adolorido, tu anciano y más valiente que mis deseos distantes.

Es lo que eres papá, un buen, uno bueno, uno de bien. Papá.
Me das forma y valor, cariño sincero y regaños; por eso mismo, temo perderte. ¿ A quién más le importaría?
Solo una epifanía en mi enfermedad. Papá

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