domingo, 1 de abril de 2012

Sinfónica de un estereograma de sonrisas retorcidas

Las notas grises revolotean en mi cabeza, son baladas disonantes, aquellas que no reconocen personas dentro de las voces. Me recuerda todo o que esta al final.
El viaje literario me llevo a pintar los planos nuevamente mientras todos observan lo que tengo para dar. Aquel mismo hombre esta perdido sin saber su nombre, se siente solo y perdido dentro de su ser, esta roto y llama incesantemente a su arma tibia de domingo con amores sobrios y despachados. No hay nadie que pueda oírlo tras su vergüenza - De seguro y nadie lo escuchara nuevamente-.

Redobles en los capilares bases, atónitos solo esperan la explosión, aquí bajo el riel del aplastante bar de la muchedumbre alegre.
Pequeño estereograma de sexualidad, escribes con música el aletargamiento de la atrocidad dentro del pecho de las masas de los corazones rotos, sin mujer, sin rupias ni amores vagos. Solo un amor, simplemente solo.

Tras el anuncio imperante de partida, el redoble de los tambores anuncia con furor la llegada del abrupto presentimiento de desesperación. Una voz de llanto se asoma desde el sótano. Miramos al cielo nuevamente para elevar nuestras plegarias frenéticas que nadie jamás llegará a oír. Me hace sentir tan frió e impotente.

No hay nadie a quien maldecir, los extraños duermen sobre sus platos, perplejos fingen estra dormidos y conversan con las almohadas, se mantienen cuerdos entre las constantes alucinaciones desde el baño de aguas azules. Es la era de la tristeza , en este show copiaremos a la lluvia y sus maldiciones, es corto, solo tardara un minuto- creo que sentí una penetración por mis poros, tal vez realmente nos violan al nacer. No hay nadie a quien consultar ¡Qué bien! Más espacio para permanecer dormidos y muertos en esta sala triste llena de música siniestra.
Puede ser el ultimo espectáculo sobre las tarimas viejas de los bares de lima, la sucia e inmunda capital que me recuerda a ti en cada una de sus calles.

Estas feliz, tienes el favor de las masas, su aplauso te mantiene despierta y las drogas me acompañan tus recuerdos cautivos de tanto amor insolente.
No demoro en observar la impaciencia de aquel joven postrado sobre el escenario, necesita una oportunidad para sentir que la ciencia es culpa de las tumbas destinadas al nacer. Es el arquetipo numeral de las nubes las que mantiene las fauces abiertas y los regresivos, rebeldes, despiertos. Nunca  nos detendremos a observar esta perra soledad.
No estoy de acuerdo con la maldad, solo estoy dormido sobre ella, su acústica perturba el trémulo de mi entristecida voz, es un síntoma de desesperación, no es locura; pero, sí, es realmente deforme amar este impulso de fe que me mantiene vivo entre este mundo de cuerdos que no entiende lo que soy. El amor se acopla a la retraída sinfonía oscura en este viaje atroz de esparcimiento.
Hoy volvemos a ser nada, como nunca, como siempre. Como lo fue antes del inicio del amor.
Yo, hoy, vuelvo a sentirme un pez, sin rostro ni gestos, con la piel marcada desde tu desprecio y, yo, en mi agonía de autodestrucción total. Me olvido de sonreír y de observar, no me son útiles estos ojos, no me importan mas ni un solo momento, prefiero lavarme las manos antes de someterme a la crisis de verte sonreír tan lejos. No me serán realmente útiles nunca más.



Vuelvo a sentirme un pez ahogado sobre la superficie. Nadaré entre mis excretas teniendo en frente el eterno azul de los bastos océanos, entre los millones de de depredares que no me desean, aquellos mismos que desean tu cuerpo y tus dedos. Soy un pez débil y manso, tibio y lleno de azar. Soy un simple pez caminante sin escapes ni erudición, un simple animal más de la explosión inicial. Un hombre graso sin amor.

Es realmente dura la noche porque los pensamientos caen dominantes arrasando con mis intenciones de dormir. Me siento cansado y desgastado, estoy realmente oprimido en este pequeño lugar. No tomare  ni un solo segundo para perder mi vida sin lo que realmente anhelo - y más allá de una confesión, esto es el silencio-.
Ellos no entienden aún el final y yo sigo retorciendo mis entrañas con por favores jamas escuchados. Es el turno de la lira arpía, llena odio y repulsión, el miembro mas chillón y desolado de esta carrera de perdones que jamas terminara feliz. Aún te llevare en grises tonos por siempre sobre mi piel

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