Hay un pragmatismo genial en no saber nada, dar media vuelta atrás y mirar por sobre el hombro.
Con asombro veo su decadencia y-desde algún lugar mas cercano- diviso, también, a la sinrazón, el deseo, una clara petición. El hambre de amor.
I just don't wanna die like a hero.
Es más fácil dar amor que estar masturbado.
¿Porqué los sueños húmedos de noche no se me presentan?
Hay una insurgente genial en apetecer a la madre Edipo.
Please, Blue fairy,please, make me a real human been, flesh and blood.
martes, 23 de agosto de 2011
lunes, 1 de agosto de 2011
Re-de-coro flotante
La monedas indecorosas caen sin prejuicios sobre las sabanas sucias,
enmarcadas con tinta entremezclada con un poco de sangre y lagrimas.
Las mismas canciones retumban los errores enrojecidos eternos,
aquellos que clavan sin piedad sus consecuencias sobre las cares,
postrándome inerte entre el carboncillo amoratado y Sofia, mi vieja máquina de escribir.
Esos gritos trancados y rasposos, los mismos que me insinúan locura entre bailes frenéticos con la inmensidad despiertan fricción.
La memoria me sigue fallando mas aún arrastra las suturas que hilvanan mis vertebras con dolores de parto, algo supremo o algo negado, sabe que no soy Adán, también probé la manzana, yo la detesté. Me quito a mi ser.
Mi esperma, blanquecino, también amoratado y triste, se tiende sobre mis manos como sangre, se inmiscuye entre mis hemorragias internas y mis salivaciones precarias carentes de calor humano y profesando un rostro indigno, sucio, crudo y nauseabundo, cual yaga abierta sobre mi bandeja, como un pedazo de felicidad robada entre silencios de frustración. Mi fe se extiende sobre los relojes de Dalí y en sus campos de interminable confusión por sobre sus ojos sensuales y sus bigotes presuntuosos, toboganes de fricción sexual. Podría ser mejor
enmarcadas con tinta entremezclada con un poco de sangre y lagrimas.
Las mismas canciones retumban los errores enrojecidos eternos,
aquellos que clavan sin piedad sus consecuencias sobre las cares,
postrándome inerte entre el carboncillo amoratado y Sofia, mi vieja máquina de escribir.
Esos gritos trancados y rasposos, los mismos que me insinúan locura entre bailes frenéticos con la inmensidad despiertan fricción.
La memoria me sigue fallando mas aún arrastra las suturas que hilvanan mis vertebras con dolores de parto, algo supremo o algo negado, sabe que no soy Adán, también probé la manzana, yo la detesté. Me quito a mi ser.
Mi esperma, blanquecino, también amoratado y triste, se tiende sobre mis manos como sangre, se inmiscuye entre mis hemorragias internas y mis salivaciones precarias carentes de calor humano y profesando un rostro indigno, sucio, crudo y nauseabundo, cual yaga abierta sobre mi bandeja, como un pedazo de felicidad robada entre silencios de frustración. Mi fe se extiende sobre los relojes de Dalí y en sus campos de interminable confusión por sobre sus ojos sensuales y sus bigotes presuntuosos, toboganes de fricción sexual. Podría ser mejor
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