sábado, 15 de diciembre de 2012

Poeta enamorado. Lima la doncella perra


Anduve pensando en el amor,
Amor que contemplan los necios, los locos y apasionados. Amor que profesan los ignorantes. Amor que se guarda con recelo entre pautas parametradas, filosofías y dogmas. El amor ficticio a un ser supremo, amor a lo desconocido tan tonto como temerle también.
Anduve observando el amor en las plazas y solo veía perros defecando, inútiles tragando mierda junto a los bellos niños.
Anduve pensando en el amor.
Anduve pensando en que es necesario, recurrente, aunque malversado, arma de destrucción ante el atosigamiento.
Veo que se cruzan brazos y piernas, se juntan los sin sabores y se abren mas las piernas. Y es que el beneficio es un negocio, la necesidad un arma de manipulación y la idea de una porción de tierra única a la que llamamos nación no deja que amemos mas allá de nuestras sus mismas fronteras, mientras los idiotas siguen amando a su nación.

Anduve pensando en el amor y solo escucho el eco de los disparos en el noticiero. Perros que divagan con miedo y ganas de morder mis pantalones… Y es que yo también tengo miedo.
Anduve pensando en el amor y solo encontré una sonata, la luna llena y Beethoven tratando de rasgar y doblegar mis sentidos con sus tristísimos, intimas y astringentes melodías.
Paredes de colores marchitos y pálidos, todos se asemejan al amor, y es que anduve pensando en él, en los buses repletos en donde todos se odian. Odian rozarse, odian sus olores, odian al que se sienta y se para, odian al que reclina su cabeza y al viejo que camina lento mientras toma su asiento rojo en la parte de en frente.
Anduve pensando en el amor, al despertar sofocado, al dormir solo, al rozar mi cama vacía, al oler mi almohada y sienta que no comparte olores, al tocar mis sabanas y no sentir un golpe bajo ella.
Anduve pensando en el amor y me di cuenta que lo seguiré haciendo entre estas poesías.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Diciembre


Diciembre
Las gotas de sol caen, se marchitan en el horizonte al atardecer. Entre miles de estrellas doradas, partículas infinitas de tierna contemplación pintan el mar en el vaivén de  las herraduras de tu boca. Vaya labios, que estremecen, que acarician. Vaya protagonismo  de enternecer este parecer que envejece entre la miel y una promesa, un cristo que se oculta y su cabello  me murmura anhelo.
Las dulces mieles estremecen aun más. Saetas agazapadas quieren lanzar de noche este atentado sobre tu piel. Prefiero desvanecerme y contemplar con hidalguía. El rubor de mi suicidio empieza a develarse. Es que me derrumbo en ti, ante ti, por ti.
¿Y es que los cielos aun no terminan de pintar colores extraños en esta tarde extraña?
Tarde de extraños que merodean las inquietudes
tarde de extraños que duerme ahogada en la incertidumbre.
Tarde de extraños que me recuerda mas un Noviembre

Y es que tu ser.
¡Tú!.
Tu tan delicioso ser.
Espero en ti y en tus labios hermosos que pronuncian tabúes y vituperios.
Espero que cercenen mis angustias tus esquirlas de pánico y que mis ojos no deseen desnudarte más.
Espero caer rendido por las curvas infinitas de tus pestañas, insoportables medusas que paralizan mis eternas convulsiones.
Tarde en la que dos extraños comparten el frío, el mar, los colosos entre monstruos.
Tarde de extraños que se torna en noche.
Noche de extraños que realmente es más un noviembre agazapado que penetra con frias angustias y petardos de insolencia.
Noche en la que las vueltas se harán infinitas.
Noche en las que comprendo, mas no poseo, tu infinita belleza.
Noches en la que puedo reír, noches en las que puedo compartir el calor de una camisa, azul por cierto.
Noches en las que la muerte y el tiempo aturden los sentidos y aletargan el tiempo.
¿Y es que las estrellas aun no tatúan el prodigio en mis labios para poder estremecerte?
¿Y es que aún no es suficiente tanto frío?
Realmente es más un noviembre.
Yo quiero escuchar tu silencio mientras colisiono nuestras pelvis en mi mente.
Las recuerdo imaginada como los residuos del brillo del sol sobre el mar de este ultimo diciembre. Sobre el vaivén de las olas de un supuesto noviembre. Más cerca de entender que mientras se desvanece, realmente, es diciembre.
Y es que, debo, también, admitir, que deseo con ímpetu la posesión abigarrada y dantesca de tu ultimo aliento. Te deseo rendida,¡ tan rendida!. Y es que te deseo  mientras postras tu mentón sobre mis hombros, mientras siento tus eternos aromas y escucho tus frágiles gemidos al ritmo de tu acelerado latir. desnuda y marchita. Y es que realmente deseo eso y mucho más.
Es Un hermoso diciembre con venturas, es un hermoso puerto que se disfraza de noviembre repetidas veces. Repentinamente.
Realmente es Diciembre.