domingo, 10 de octubre de 2010

Útero

os niños, sonrientes, distantes, diferentes, desconocidos. Me miraron con sus pequeños ojos sin iris- o tal vez muy negro como para diferenciarlos-, sin mesura al observar, de pies a cabeza. Ambos se detuvieron ni bien cruzamos miradas; ambos me dijeron en diferentes momentos, lugares, tempos, tonos de voz: "Papá".

Una hembra, el otro macho, ambos me dijeron papá el mismo día, ambos hermosos, como alguna vez imagine y soñé a los míos. Ambos me partieron el alma y me sonreían. Ellos sabían que me destrozaban por dentro y aún así sonreían, me mostraban sus hermosos y pequeños dientes de leche mientras me agitaban con sus miradas escudriñantes y septentrionales. Ellos sabían que yo era su papá. Lo siento, tenían que ser los míos.

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