sábado, 9 de octubre de 2010

Pluscuamperfecto

Hoy te vi y no me viste, séptima fila al lado de la ventana, mirando el vacío, un asiento mugriento mas en un bus amarillo amierdado. La mañana sofocaba opciones y descartaba sueños, tu, sin embargo asfixiabas mis pulso con la chalina de dulce marrón claro, algo acremado, como el tope de un capuccino, que llevabas al rededor de tu seductor, pálido y anémico cuello. Empecé a temblar de repente, mi mano se sacudía dentro de mi bolsillo; de repente, todo se volvió frió. Gemí con dolores de parto en mi asiento,  maldije al mundo en voz alta y a mi mismo, a tu dios, a mi dios;a tu demonio, al mio; al viento tuyo, al viento mio; a tu némesis, a mi mismo.
Tu rostro esta mas pálido que antes, tus labios tan rosas como siempre, y tus grandes y hermosos ojos-como los que ama Neruda- acaramelados, acariciados, acantilados, aventrados, afetados y poligamicos miraban soo el vacío del asiento delantero, el mundo giraba entorno al asiento de adelante tuyo.

cogí mi mano derecha, la que aún temblaba, y la envolví con la izquierda, afiblé mi respiración plus ultra de mi voluntad y sentí que reventó mi corazón. Llore en silencio en el aciento trasero y me cubrí entre mis cabellos. Aún te podía ver, fueron 16 segundos intensos, moribundos, asfixiantes, inertes y permanentes del amanecer de la muerte sebásea de los fetos carismáticos de mi vientre paterno. Si el mitridatismo es cierto, mi cuerpo inerte se calcinará entre sombras y ojos lagrimiantes que miran todo y todo me recuerda a tí.
No hay mas espacio en el espacio, ni materia por consumir, ni energía que transferir, solo tuyo y yo en la eternidad de no conocernos a muerte, no más, ya no más.
Es cierto, te vi, te observe y te llore por dentro, todavía estabas hermosa, como siempre, todavía es exhaustivo poder mirarte. No puedo, estaría preso ya.Vale la pena estarlo, jalar el gatillo y simplemente estarlo, no puedo, soy muy cobarde; jamas podría, jamas lo haría, jamas lo haré. Solo envejezco en mi soledad de no tener ya a nadie más, nunca más; solo me raparé la cabeza para sentir al vacío penetrar mis sienes con algidez, no tendré ya más que una cabeza libre de pensamientos entre cabellos rebeldes.
Cada segundo, una arruga, una aflicción, un dolor en el alma, una punzada agobiante y un ardor inconmensurable entre latidos. Cada segundo te extrañaré hasta la muerte. Lo siento.

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