El reloj marcaba las doce en punto, todos se levantaban de sus asientos mientras se miraban dudosamente los unos a los otros; sus sonrisas, escalofriantes y turbias, estremecían mi corazón, lo manoseaban, lo aplastaban.
Un tío mio, moreno y chino a la vez, superdotado con una combinación exótica de genes. Ese que a pesar de contar ya con una familia, vive aún con su madre y trabaja de obrero para las diferentes empresas de otros tíos. Aquel tío mio, Martín, el de los gestos indiferentes, inconsecuentes y desordenados, sacó algo de su su vieja mochila supuestamente beige, era una bolsa negra. Tomó la bolsa con ambas manos, retrocedió unos cuantos pasos y tomo asiento en un mueble viejo cercano, la abrió lentamente para ver su contenido detenidamente y esbozo una sonrisa en entre sus gestos extravagantes. Me miró y supo que lo estaba mirando fijamente, me pasó la voz y yo fui a él, Me dijo que vayamos afuera. Ya en medio de la calle abrió la misteriosa bolsa negra en la que llevaba cuetecillos -recuerdo lo gracioso que fue ver en su rostro aquellos gestos extravagantes, sentí como si buscase desesperadamente sorprenderme a toda costa-, lo volví a mirar fijamente, tratando de penetrar en su alma con mis ojos, y me fui a vagar por allí, a simplemente existir, caminar, ser una materia en movimiento más.
Las campanas de las iglesias sonaban, todas a la vez, una y otra vez, incesantemente, decadencialmente, sin ton ni son, sin modestia alguna, en absoluto.
Un silbido, chillante, doloroso alarido potente y abigarrado, simplemente penetrante. Lo miré, y él no se percato de mi, su cola de fuego se elevaba desde el suelo y de repente... Luz. Miles de luces, de todos los colores ellas, de gritos, de risas, de abrazos, de besos, de caricias, de silencio.
Sentí que me falto una sonrisa sincera y un abrazo que enternezca el alma mía; una simple caricia.
Mis manos se enfriaron en el furor de la noche, solo un aroma me mantenía conectado a esta misma. La pólvora, dulce metal consumido con olor a sangre, tonos marchitos y deprimentes con un picor algo desaforado... Es la sangre, sin dudas en ella puedo oler la sangre: Ese humo violento y saturado de felicidad solo podría aturdirme más en esa noche álgida. me sentía mareado, atemorizado y aplastado, me sentí en medio de una guerra- guerra en donde solo el humo te hace recordar que tienes que huir y seguir corriendo para poder salvarte, para poder ver el sol tras el anochecer-. Volviendo con cautela a mí, en medio de mis demonios internos que iban convergiendo en la fiesta retumbante de explosiones.
A mi diestra fuego, por frente sonrisas mórbidas piromaníacas, por detrás empujones y a mi izquierda el humo, el cáliz grisáceo atraído hacia mi por el viento por mi mismo, por mis caídas y tropezones.
¿Qué sera de las cosas no marcadas?,¿Qué más habrá de hablar él sobre mi? ¿qué más grande el regalo o tus puertas y tus mojones esparcidos?- comestibles-.
viernes, 31 de diciembre de 2010
sábado, 4 de diciembre de 2010
Álgido
Recuerdo cuando nos burlábamos de nuestra desnudes, dormíamos el uno con el otro, juntos, sin nadie más en el mundo, nos tomábamos de la mano y nos mirábamos a los ojos. Yo te miraba a ti, tocaba tus hermosos cabellos y miraba cada uno de ellos tratando de contarlos, yo te miraba a ti y tocaba tus hermosas cejas, fruncías el ceño y me sonreías. Yo te miraba a ti, tu me mirabas a mi, nuestras miradas se cruzaban, yo veía tus hermosos ojos acaramelados y tu mirabas los tan normales ojos míos. Yo te miraba y me sonreías, me hacías sonreír con naturalidad.
Sentía tu piel y tu te recostabas en mi, en el silencio, en la penumbra, no haba nadie más y jamas existió, eramos solo dos en el mundo de la inmensidad.
Todo regresa a mí claramente, todo recuerdo olvidado, hasta el más ínfimo e insignificante de ellos, regresa fresco y hermoso. Cuando la historia lo era todo, cuando nos amábamos y no me temías, cuando me amabas por amarme con todo el corazón, cuando me entregue a ti con devoción y tu jamas me mentías, cuando el mundo era plano y las palabras perfectas por su existencia, cuando cerrábamos los ojos y pensábamos el uno en el otro deseándonos tenernos uno al lado del otro en silencio eterno, en simple amor. Manteniendonos uno al otro en el seno de la existencia compartida, juntos eternamente en los brazos de morfeo, durmiendo, soñando, pensando el uno en el otro.
No sabes cuanto extraño tu vientre, tus muslos hermosos, tu cabello endemoniado en los que se mezclaban mi aliento y tu sudor. Nos hundíamos en un submarino amarillo, en silencio, en amor.
Extraño sentir el amor en tus axilas, entre tus brazos, en tus hermosos hombros, suaves y encantadores, en esos ojos, perfectos, grandes y hermosos ojos color miel,
Miel, miel, en tus labios, en tu carne, en todo tu ser, Totalmente dulce en tu frialdad, simplemente miel
Sentía tu piel y tu te recostabas en mi, en el silencio, en la penumbra, no haba nadie más y jamas existió, eramos solo dos en el mundo de la inmensidad.
Todo regresa a mí claramente, todo recuerdo olvidado, hasta el más ínfimo e insignificante de ellos, regresa fresco y hermoso. Cuando la historia lo era todo, cuando nos amábamos y no me temías, cuando me amabas por amarme con todo el corazón, cuando me entregue a ti con devoción y tu jamas me mentías, cuando el mundo era plano y las palabras perfectas por su existencia, cuando cerrábamos los ojos y pensábamos el uno en el otro deseándonos tenernos uno al lado del otro en silencio eterno, en simple amor. Manteniendonos uno al otro en el seno de la existencia compartida, juntos eternamente en los brazos de morfeo, durmiendo, soñando, pensando el uno en el otro.
No sabes cuanto extraño tu vientre, tus muslos hermosos, tu cabello endemoniado en los que se mezclaban mi aliento y tu sudor. Nos hundíamos en un submarino amarillo, en silencio, en amor.
Extraño sentir el amor en tus axilas, entre tus brazos, en tus hermosos hombros, suaves y encantadores, en esos ojos, perfectos, grandes y hermosos ojos color miel,
Miel, miel, en tus labios, en tu carne, en todo tu ser, Totalmente dulce en tu frialdad, simplemente miel
lunes, 15 de noviembre de 2010
The last man standing
Este fue el primer corto que hice en la casa de un amigo, Andres G., quien gustosamente se prestó para poder hacerlo; además de grabar y alimentarme con cigarrillos, mientras criticaba mi corto, modestamente, y sin chistar, simplemente grabo desde mi perspectiva por lo cual estoy bastante agradecido con él porque a pesar de no comprender lo que yo pretendía hacer me ayudo a ciegas.
Si no me equivoco es del año pasado este cortometraje. Ahora me encuentro trabajando en otro acerca de mi perspectiva de la vida en la soledad, entre los miedos, sin nadie mas que uno mismo en sí.
Si no me equivoco es del año pasado este cortometraje. Ahora me encuentro trabajando en otro acerca de mi perspectiva de la vida en la soledad, entre los miedos, sin nadie mas que uno mismo en sí.
domingo, 14 de noviembre de 2010
Domingo
Sueles despertarte a sacudidas. levantándote rastras, pidiendo más tiempo para poder dormir. Sueles no levantarte y volver a dormir.
Echada, esponjosa; dormida, tan hermosa; respirando tan perfectamente en sentencias silenciosas de olvido y ejecución. Sueles verte al espejo y peinarte un poco, rodeas tu hermoso cuelo con una bufanda y te pones una chompa- una casaca en realidad- encima. Sueles tener frío, sueles tiritarlo, de hecho, y clamar de dolor por él. Sueles, luego de abrigarte, sacar al hijo del hombre que en nombre conmemorativo se hizo bestia. Lo tomas de su melena blanca y le haces gestos de cariño, te ves tan hermosa y juguetona, quisiera abrazarte; le pones su correa y caminan ambos, tu mirando el vacío y sorprendiéndote que sea una simple bestia, bestia hermosa, bestia con miedo, bestia feliz.
Sueles regresar a casa y tu tu madre te pide que tomes desayuno, junto a ella y junto a él, junto a tu génesis y a tu némesis, junto a tu hermano también. No sueles lavar los platos después de comer, sueles renegarlos.
Se degenera en mí, en ti, en los dos que sufrimos en mí, en mi dolor, en mi corazón. Entre mis piernas y entre mis entrañas, con amor, con dolor, con angustia.
Las manos no se juntan para aguantar mi peso, solo caen una tras otra, las plumas, las paginas. La sangre, barata y oscura, obnubila mi juicio, es porque te extraño con ansiedad, porque te extraño con mi vientre y mis pies; al caminar, al respirar.
Siempre domingo, siempre tan gris, siempre tan opaco y oscuro. Siempre domingo
Echada, esponjosa; dormida, tan hermosa; respirando tan perfectamente en sentencias silenciosas de olvido y ejecución. Sueles verte al espejo y peinarte un poco, rodeas tu hermoso cuelo con una bufanda y te pones una chompa- una casaca en realidad- encima. Sueles tener frío, sueles tiritarlo, de hecho, y clamar de dolor por él. Sueles, luego de abrigarte, sacar al hijo del hombre que en nombre conmemorativo se hizo bestia. Lo tomas de su melena blanca y le haces gestos de cariño, te ves tan hermosa y juguetona, quisiera abrazarte; le pones su correa y caminan ambos, tu mirando el vacío y sorprendiéndote que sea una simple bestia, bestia hermosa, bestia con miedo, bestia feliz.
Sueles regresar a casa y tu tu madre te pide que tomes desayuno, junto a ella y junto a él, junto a tu génesis y a tu némesis, junto a tu hermano también. No sueles lavar los platos después de comer, sueles renegarlos.
Se degenera en mí, en ti, en los dos que sufrimos en mí, en mi dolor, en mi corazón. Entre mis piernas y entre mis entrañas, con amor, con dolor, con angustia.
Las manos no se juntan para aguantar mi peso, solo caen una tras otra, las plumas, las paginas. La sangre, barata y oscura, obnubila mi juicio, es porque te extraño con ansiedad, porque te extraño con mi vientre y mis pies; al caminar, al respirar.
Siempre domingo, siempre tan gris, siempre tan opaco y oscuro. Siempre domingo
Las palabras discurren por mi cabeza pensando en qué soltar o transmitir, mi vejiga presiona mis pantalones y mis manos ya no tiemblan más. Ciertamente mi desgano ha procurado existir entre las procuraciones maniqueistas y en mi fanfarronería bien disimulada por conocimientos bastos, acompañados con un afán constante de llenar mi yo ególatra. No tengo la energía que solía tener antes ni una sonrisa que irradie a los infelices, simplemente soy yo; un YO carente de fuerza de voluntad y de temores, un Yo que explota en la paranoia y en la polémica existencia de la realidad.
Adocenado
Mis palabras, mis gestos, mi cabeza recuperando cabellos después de raparme y el menear de mis brazos al caminar. La aglutinación de los vectores apuntando hacia una misma dirección todos punteando a mi pecho, sobre mi burda piel, a la altura de mi corazón. Trae consigo el veneno del recuerdo, trae consigo ganas insaciables de drogarme; estirarme ad infinitum, estirarme y caer helicoidalmente, desmaterializandome en particulas infimas e insignificantes, hasta llegar a ser simples partículas de polvo cósmico y nebular,
Mis manos, entumecidas, temblantes, tocan el suelo frío; me da paz. Escucho Joga y All is full love de Björk, amanece(Lucibell), No Surprises(Radiohead/Regina Spektor); creo que me hace sentir mejor, no bien, simplemente me da quietud en el tiempo. Sin darme cuenta, ya ha pasado bastante tiempo y sigue avanzando, cada vez más doloroso, cada vez más punzante, cada vez más rápido.
Mis manos, entumecidas, temblantes, tocan el suelo frío; me da paz. Escucho Joga y All is full love de Björk, amanece(Lucibell), No Surprises(Radiohead/Regina Spektor); creo que me hace sentir mejor, no bien, simplemente me da quietud en el tiempo. Sin darme cuenta, ya ha pasado bastante tiempo y sigue avanzando, cada vez más doloroso, cada vez más punzante, cada vez más rápido.
viernes, 5 de noviembre de 2010
Minúsculas, Mayúsculas
Mis entrañas vibran, mis manos tiemblan incesantemente, te extraño y no te puedo ver.
Las mañanas son siempre frías y las noches demasiado oscuras, es porque ya no puedo recostarme en tu vientre, es porque levante mi voz con mayúsculas y deje que mis temores aplastaran mi ser. Es todo simplemente por existir tan lejos de ti.
Estas lejos, tan lejos; simplemente inalcanzable, intocable, intangible.
Cada mañana es igual, siento aún tu rostro entre mis manos y siento como se aleja mi rostro del reposo en tu muslos; fuertes, hermosos, pálidos. Dichosos.
Mis manos no me alimentan más, no quieren levantar más el tenedor, no quieren arrancar mas cabellos de mi cabeza; solo quieren llevar tus palmas a mi rostro, para besarlas, para poder amarlas, para poder sentir tu mano con mi nariz y seguir amando cada centímetro de tu cuerpo.
Mis ojos te extrañan y no cesan de llorar cada día. Y cada noche, noches como la de hoy, como la de mañana y como la de todos los días, le pedirá a mi cuerpo a gritos que vaya caminando a ti, aún a rastras, aún sin pulso, aún sin ganas de ponerme en pie.
Mi piel, rojiza, pálida y rosada, tiembla con cada inhalación, y quiere reventar con cada exhalación, me pide que por favor me la quite de encima, me gime tan fuerte, me gime con odio y me pide a gitos, entre susurros y entre latidos, que la saque de mi ser. No aguanta ,tampoco, más dolor.
Tus manos, mis manos; tus manos en mi corazón meciéndolo lentamente en la lenidad de la existencia; mis manos arrullando tu cuerpo sobre el cosmos.
Tu y ser y mi ser, ambos arrastrándose en mi, cayendo profundamente en desmembramiento paganos, cayendo tan profundos, ambos. Tu cuerpo y mi cuerpo, en mi, en mi ser, dentro mio y de mi oscuridad. Tus labios y los míos, los roces perdidos. Solo nos perfilamos a ver, a contar, a jadear y simplemente voltear, mis intestinos, mis nudillos, tus manos.
Somos dioses sobre dioses mismo y tu vientre sobre el mio no hace más gestos conmigo, mi ceño fruncido y mis manos temblante. Te extraño, te quiero y no te puedo olvidar. Simplemente te extraño y no lo puedo controlar; no es parte de mi cuerpo no es parte de mi voz, simplemente existe por tu divina creación. Te extraño y siempre lo haré, aún cuando te tenga conmigo, te extrañaré.
Las mañanas son siempre frías y las noches demasiado oscuras, es porque ya no puedo recostarme en tu vientre, es porque levante mi voz con mayúsculas y deje que mis temores aplastaran mi ser. Es todo simplemente por existir tan lejos de ti.
Estas lejos, tan lejos; simplemente inalcanzable, intocable, intangible.
Cada mañana es igual, siento aún tu rostro entre mis manos y siento como se aleja mi rostro del reposo en tu muslos; fuertes, hermosos, pálidos. Dichosos.
Mis manos no me alimentan más, no quieren levantar más el tenedor, no quieren arrancar mas cabellos de mi cabeza; solo quieren llevar tus palmas a mi rostro, para besarlas, para poder amarlas, para poder sentir tu mano con mi nariz y seguir amando cada centímetro de tu cuerpo.
Mis ojos te extrañan y no cesan de llorar cada día. Y cada noche, noches como la de hoy, como la de mañana y como la de todos los días, le pedirá a mi cuerpo a gritos que vaya caminando a ti, aún a rastras, aún sin pulso, aún sin ganas de ponerme en pie.
Mi piel, rojiza, pálida y rosada, tiembla con cada inhalación, y quiere reventar con cada exhalación, me pide que por favor me la quite de encima, me gime tan fuerte, me gime con odio y me pide a gitos, entre susurros y entre latidos, que la saque de mi ser. No aguanta ,tampoco, más dolor.
Tus manos, mis manos; tus manos en mi corazón meciéndolo lentamente en la lenidad de la existencia; mis manos arrullando tu cuerpo sobre el cosmos.
Tu y ser y mi ser, ambos arrastrándose en mi, cayendo profundamente en desmembramiento paganos, cayendo tan profundos, ambos. Tu cuerpo y mi cuerpo, en mi, en mi ser, dentro mio y de mi oscuridad. Tus labios y los míos, los roces perdidos. Solo nos perfilamos a ver, a contar, a jadear y simplemente voltear, mis intestinos, mis nudillos, tus manos.
Somos dioses sobre dioses mismo y tu vientre sobre el mio no hace más gestos conmigo, mi ceño fruncido y mis manos temblante. Te extraño, te quiero y no te puedo olvidar. Simplemente te extraño y no lo puedo controlar; no es parte de mi cuerpo no es parte de mi voz, simplemente existe por tu divina creación. Te extraño y siempre lo haré, aún cuando te tenga conmigo, te extrañaré.
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