Sueles despertarte a sacudidas. levantándote rastras, pidiendo más tiempo para poder dormir. Sueles no levantarte y volver a dormir.
Echada, esponjosa; dormida, tan hermosa; respirando tan perfectamente en sentencias silenciosas de olvido y ejecución. Sueles verte al espejo y peinarte un poco, rodeas tu hermoso cuelo con una bufanda y te pones una chompa- una casaca en realidad- encima. Sueles tener frío, sueles tiritarlo, de hecho, y clamar de dolor por él. Sueles, luego de abrigarte, sacar al hijo del hombre que en nombre conmemorativo se hizo bestia. Lo tomas de su melena blanca y le haces gestos de cariño, te ves tan hermosa y juguetona, quisiera abrazarte; le pones su correa y caminan ambos, tu mirando el vacío y sorprendiéndote que sea una simple bestia, bestia hermosa, bestia con miedo, bestia feliz.
Sueles regresar a casa y tu tu madre te pide que tomes desayuno, junto a ella y junto a él, junto a tu génesis y a tu némesis, junto a tu hermano también. No sueles lavar los platos después de comer, sueles renegarlos.
Se degenera en mí, en ti, en los dos que sufrimos en mí, en mi dolor, en mi corazón. Entre mis piernas y entre mis entrañas, con amor, con dolor, con angustia.
Las manos no se juntan para aguantar mi peso, solo caen una tras otra, las plumas, las paginas. La sangre, barata y oscura, obnubila mi juicio, es porque te extraño con ansiedad, porque te extraño con mi vientre y mis pies; al caminar, al respirar.
Siempre domingo, siempre tan gris, siempre tan opaco y oscuro. Siempre domingo
No hay comentarios:
Publicar un comentario