lunes, 8 de abril de 2013

Príncipe azul

Al menos su único pasaje a la confrontación es una cajetilla, pall mall sigue siendo su favorita. A veces bebe ron por la mañana  otras solo alucina asustado mientras se encoje y bailotea intranquilo sobre el colchón que nunca conoció un podio. La cama sobre el suelo, el sobre la cama, la cama en el cuarto y el cuarto fuera de aquí.
Azorado nuevamente lleva  uno, tras uno otro, tras otro cigarrillo mientras mira atónito el techo. Impávido mira sus desgracias frente al mural de luces que su techo cobija entre ronroneos de la presión de los sonidos. Es una fiesta patronal, aquí los héroes son los vicios y la ceremonia es adornarlo con las pasiones turbias fluidas que solo un ayer tan denso puede cobijar en el recelo de la noche eterna que aquel dormitorio ofrece.
Esta solo esperando el amor entre las calles y el himno de los alucinógenos marca su única marcha.
Su cuarto agrietado no espera princesas ni sueños, solamente un amor, un amor quieto, solo un amor.
Su voz imita cada saliente encarnizado con bajos profundos... Voz voz ronca se asfixia entre tanto humo y dolor. Es que su alma también esta seca desde el parpadear espeluznante del amanecer. Transaccional de cada sentido hacia la neta intención de internacionalizar cada escrúpulo  cansado de esperar... Otro malestar siamés al cuerpo-objeto de esta maldición posesa.

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