Triste verano en el que el sol no calienta mi alma,
triste verano en el que aún siento frío.
Miro a través de la ventana y solo puedo desear cuerpos celestes intoxicandome con caricias y densos estremeceres.
Sigo recostado bajo el marco vejusco y empolvado no recordaba verlo tan agrietados desde el terremoto, enciendo un cigarrillo y con mucha cautela elogio e indecente veneno dejando que me posea en estas angustiosas tardes.
Tardes que dibujan amistades, tardes en las que el atardecer se comparte. Tardes en las que nuevamente estoy solo y ni un solo amigo llama a mi puerta con ansias de estrecharme entre sus brazos agradeciendo que mi ser lo complazca.
Tardes que dibujan amistades, tardes en las que el atardecer se comparte. Tardes en las que nuevamente estoy solo y ni un solo amigo llama a mi puerta con ansias de estrecharme entre sus brazos agradeciendo que mi ser lo complazca.
Tardes en las que contemplo en horizonte y veo calles manchadas... Amigos van, amigos vienen. Amigos a esta casa no convergen.
Amigos que no tengo junto amigos que anhelo comparten conmigo una tasa de café amargo en el cuarto tambaleante de luces rojas. Siento quebrar mis piernas en este silencio orquestal que ambienta otra tarde de un verano inmensamente marchito y vomitivo.
Tardes que no leo, tardes que no juego-tardes que no son mías ni de nadie mas, ajenas entre si y tan comunes en la misma soledad- tardes que como y tardes que deseo no hacerlo ya más.
Amigos que no tengo junto amigos que anhelo comparten conmigo una tasa de café amargo en el cuarto tambaleante de luces rojas. Siento quebrar mis piernas en este silencio orquestal que ambienta otra tarde de un verano inmensamente marchito y vomitivo.
Tardes que no leo, tardes que no juego-tardes que no son mías ni de nadie mas, ajenas entre si y tan comunes en la misma soledad- tardes que como y tardes que deseo no hacerlo ya más.
Busco espacios amplios y poblados esta vez, en este invierno interno aplastante- debo confesar que, realmente, no quiero sentirme solo y preso del encogimiento entre las multitudes...cada vez mas insignificante frente a una muchedumbre histérica que victimiza cada centímetro de este usual vestido de carne blandengue y manso que no se inmuta ante el dolor y plasma su gozo en hojas calcinas y hastiadas de ser sofocadas con el furor de mi mano.
Suelo creer que me levanto y valoro cada instante viviendolo plácidamente si es que la muerte desea arrancarme los genitales en un exabrupto en revolución- suelo no decirlo mucho tampoco-.
Suelo creer, en esta tarde de verano de arcadas, que, al fin, acabara este martirio de sometimiento y la vendimia de mi muerte temprana...ad infinitum, ad nauseam.
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