Decidí tatuarme tu nombre por las calles vacías de esta ciudad
cada espacio, cada pared esta cubierta por sombras del ser que solíamos ser.
Ganar y ceder, nunca perder, Hacer el amor entre amores que hacen el amor. El cielo temblaba y dios nos odiaba por tanto amor entre la humanidad.
Tatuare tu nombre en este invierno próximo para que las punzadas abriguen con irritaciones esta piel muerta y abultada que cubre un cadáver.
Entre los arboles que dejan caer, las calles por las cuales no retorno.
Porque te ves tan terrible
-escupí un suspiro por la nariz al cerrar los ojos, mi cabeza se dirigía a morar el suelo-
Ella conocía muy bien este gesto tan peculiar en mi, en este yo quebrado tan susceptible y antes de que mi barbilla se estrellase contra mi cuello; ella, tomándome por el mentón levanto mi cabeza y obligándome a mirarle espero que abriese los ojos y que la mirase de frente para preguntarme:
¿ Porqué vistes tan mal?
-me sonrió esta vez-
esboce una sonrisa de un solo lado del rostro. Ella se ruborizó y rió al fin.
Creo ya ser un cadáver en estos tiempos, la distancia entre nosotros...
-segundos de silencio, insuficientes para tratar de expresar todo lo que siento... Silencio que estremece y corta pleuras a la mitad... Silencio al fin.
Sujeto mis manos con firmeza, lentamente llevaba nuestras manos fuera de nuestros cuerpos, lejos, hacia extremos opuestos. Acercaba su vientre a mi pelvis, su pecho escarbado al mio tan quebrado.
Solté sus manos, volví la cabeza hacia abajo, tome medio segundo de aire y solté sus manos, con frenesí envolví mis brazos en sus caderas, la tensión era marfil. Eramos sépalo de estremecimiento y placer. un bloque inquebrantable de destrucción.
Un beso jamas se dibujo aquella noche turbia de vaivenes, nunca, jamás, nada hubiese sido suficiente ese día tan corrupto y cercenado. Los sexos ardían inflamados, dos cuerpos era en el único cobijo para dos extraños que perforaban con impetus las habitaciones que desgarrarían en sus sienes.
Soy mis miedos, lo que tu quieres que sea hoy, lo que querrías que fuese en el tiempo, lo que quieres que yo sea mañana. Lo que mejor fabriques y maquines en el hoy de cada singular día de nuestras vidas pero nunca des la espalda tras ese marco sin puerta por el cual siempre observo tu silueta atiborrada de perfección.
-¿Qué hablas tonto?- Dijo ella casi como una exhalación, casi como un lamento-.
Sabia que acabaría pronto. Solo quería que lo supiese- ya vayámonos de aquí-
el andrajoso yo marcho en busca de mas recuerdos.
la hermosa ella, sucumbió y vio mi fallo, soltó mi mano y marcho, dando la espalda.
No volteé a ver la silueta. Decidí ver mas sombras en las ciudades.
El tan demacrado nosotros implotó en sus deseos tan ecuánimes entre el caos, pretérito de amor consumado en esta ultima brisa nocturna.
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