Anduve pensando en el amor,
Amor que contemplan los necios, los locos y apasionados. Amor
que profesan los ignorantes. Amor que se guarda con recelo entre pautas
parametradas, filosofías y dogmas. El amor ficticio a un ser supremo, amor a lo
desconocido tan tonto como temerle también.
Anduve observando el amor en las plazas y solo veía perros
defecando, inútiles tragando mierda junto a los bellos niños.
Anduve pensando en el amor.
Anduve pensando en que es necesario, recurrente, aunque
malversado, arma de destrucción ante el atosigamiento.
Veo que se cruzan brazos y piernas, se juntan los sin
sabores y se abren mas las piernas. Y es que el beneficio es un negocio, la
necesidad un arma de manipulación y la idea de una porción de tierra única a la
que llamamos nación no deja que amemos mas allá de nuestras sus mismas
fronteras, mientras los idiotas siguen amando a su nación.
Anduve pensando en el amor y solo escucho el eco de los
disparos en el noticiero. Perros que divagan con miedo y ganas de morder mis
pantalones… Y es que yo también tengo miedo.
Anduve pensando en el amor y solo encontré una sonata, la
luna llena y Beethoven tratando de rasgar y doblegar mis sentidos con sus tristísimos,
intimas y astringentes melodías.
Paredes de colores marchitos y pálidos, todos se asemejan al
amor, y es que anduve pensando en él, en los buses repletos en donde todos se
odian. Odian rozarse, odian sus olores, odian al que se sienta y se para, odian
al que reclina su cabeza y al viejo que camina lento mientras toma su asiento
rojo en la parte de en frente.
Anduve pensando en el amor, al despertar sofocado, al dormir
solo, al rozar mi cama vacía, al oler mi almohada y sienta que no comparte
olores, al tocar mis sabanas y no sentir un golpe bajo ella.
Anduve pensando en el amor y me di cuenta que lo seguiré
haciendo entre estas poesías.
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