miércoles, 24 de octubre de 2012

Mi vida, a lo largo de este casi cuarto de siglo, no ha sido nada mas que un soneto drástico y explosivo  en esta laberintitis llamada continuidad.
El acúfeno desgarrador, tinnitus incesante guían cada centímetro hacia adelante. Solo un norte y una senda me han esperado siempre, las paredes y de bruces a ellas.
Las paredes se acercan. Yo, pretendo irme.

Álgias histéricas en mi pecho. La aplanadora de vientos fríos, concreto álgido. Cosquilleo morboso de sabor metálico, atormentador y meticuloso. Luego solo el espasmo de dolo y penuria, el semi-desmayo y  la depresión.
Las paredes se acercan. Yo, pretendo irme.

Mi condena es el cubo infinito, irremediable e insustancial. ¿Dónde queda mi frivolidad y mi materialismo?, ¿Donde está el iluso yo?...¿Dónde está lo manso, apacible, de la magia de existir en este cuerpo azul bastardo?
Las paredes se acercan. Yo, pretendo irme.

Un micro plantea una alternativa, el público los ceños y las palmas, las pifias y las almas; un sueño, mis temores; la vida, mis dolores y la música, eterna y astral, tan sexual, vigoroso y omnisciente... el retorno. Leer no es más practico ahora, es solo mas confuso y estridente. Las paredes se acercan. Yo, pretendo irme.
Omnipresencia bailando  , vomitando , estrechando sus sexo contra mi rostro. Su pestilencia golpea mis sentidos con tramas  esquirladas y este trapecio de lombrices solo  es mi atril  preparándome para recibir la ignominia.
Las paredes se acercan. Yo, pretendo irme.

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