sábado, 14 de mayo de 2011

Sinfonía de Pezones Rodantes

Empezamos a contar lentamente.
el agua ardiente se mezcla con los aromas de las morenas cinturas y
las teclas de tus pies.
Sin titubear y sin esos tonos tan políticos,
sin histeria y sin eufemismos,
aquella mujer santa y apacible se recuesta sobre el lomo peludo y sedado de mi hastiado mentón.

Suave mujer acaramelada.
Recuña las vibras y los forceps que se retuercen tiritando sexo.
Cuéntame cada pedazo de carne que desglosa la barca mancilla,
cuéntamelo a detalle de mayeutica y lizaradón.

Todo se mese en idolopeyas épicas y sangrantes,
¡Esa mujer es perfecta!
En su adicción y mi sexo,
ella es siempre perfecta,
en las bestias y bajo las carnes,
ella sí es perfecta.

Y en su boca, su dulce y deliciosa boca,
simple máncer de hematozoario circuncidado,
Corrupto,
Tan abochornada...
Tan pene, tan crudo;
tan útero, tan ardiente.


se amortizan la mansedumbre y la ignava cruz del hijo del sol,
todos recaen sobre la misma espalda,
todos son un mismo yugo, un simple brote de adicción.

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