domingo, 9 de junio de 2013

The Final Right Of Death

Vi la melodía quebrar sus tallos esa misma noche, recuerdo verla marchita y degenerada. Ella descansaba su brazo sobre la barra de los hidalgos e históricos pusilánimes. Ya ni el tiempo dibujaba curiosos reflejos en sus mejillas. Supe ver, entonces- tristisimo entonces- sus exentos pies pálidos que solía besar, descalzos friccionar las piernas de otro en éxtasis y sus ojos tremulantes miel, dispersos en el tope de su ligereza, llenos de lagrimas y palpitos. Sudorosa ella, ahora, mareada de placer y socavada  en su desnudez no acaricio mas sus manos con ímpetu, no deseo tremular junto a ella, no quiero dispersarme en el cosmos y no soy feliz.
No encuentro el norte en este callejón vacío rebosante en acertijos, trancas y retortijones. Y es que sé que no podré de nuevo volver sonreír con encanto juvenil, ni malcriarme con juegillos tontos tratando de ganar, cándido e irresoluto,  un beso tuyo.
Es que no puedo entenderlo tan claramente  todavía.

He perdido el cobijo de tus piernas para las noches frías y fríos tus besos que no remedian esta fiebre. Calcino humano, triste solamente, tan triste y tan poco iluso nos hemos de ver en Armagedón dentro de tus disimulos de humanidad, ser sensible.

Sé que mañana me toca fingir un hilarante y complaciente saco de entrañas. Muerte, a ti he de venir con fanfarrias, esperando el cuándo para que conviertas este por favor en un al fin.
He caído en cuenta de que, ahora, en tiempos tan violentos y abrasivos  tanto como opiáceos, el amor se escribe con “A“ de austeridad

No hay comentarios:

Publicar un comentario