Espinazo creciente y estresado sobre la mancha de los arboles pintados. Noche húmeda y neblinada, las bancas me muestran solamente sus espaldas. Cobijo el césped con mis nalgas regordetas y estúpidas y me distiendo allí mismo, sólo, deseando presencias inexistentes. Lo que soy es lo que eh dado y no cuenta nada mi imperceptibilidad. Soy un ser inerte por instantes, preciosos y profundamente dolorosos.
Los tonos anaranjados y las sombras, no hay mas adornos en esta noche.
Sonríen muchos, y los perros follan en mis pies, siento sus sexos sobre mis zapatillas azules. Soy fotografiado por curiosos y una anciana. Mi dolor es su arte publico y esta no es mi plaza.
Soy infeliz de verdad por unos instantes, preciosos instantes, imponentes y perennes.
Hoy es noche de lobos sueltos y aún veo espaldas en las bancas, no parezco ser perceptible, ni yo ni mis dolores. Me muevo entre las palabras que imagino y creo que puedo morir en este instante, seria un gran placer, seria realmente algo necesario.
Resuelto en el frío estiro mis shorts tratando de cubrir mis piernas recogidas contra mi pecho, aplasto mi espinazo contra los arboles pintados, sobre el tapete-pasto de los desagües y muero eternamente en breves instantes todopoderosos.
Soy infeliz y nadie lo nota. Es tiempo ya de morirme.
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