Sus manos tibias tomaron las mias, sin dudar ni por un instante sus intenciones, acerqué mi cabeza y la recline sobre su cintura, sobre sus mansas quebradas, aquellas mismas que no me apetecian poseer. Atine a amar tu cuerpo amarillento y mal dibujado. Tu dibujo parpadeante, aquel recuerdo amargo, sin fondo; aquél que, más que fulgor azul aplaca mi denso sexo sedentario, ese mismo que se opaca entre deseos marginales que repudian al resto del mundo, entroniza mi real no-yo.
Todo era falso y procaz, las letras, arcoirisadas y fantásticas, psicodélicas y blasfemas, aquellas que tu misma me enseñaste a pronunciar en los desvarios sobre tus agrietados escalones, Los mismos infaustos torbellinos que vieron tu brazo sangrar, los mismos que presenciaron nuestra tracción bípeda convertirse en repulsión.
Aquellos labios aduraznados, tan manipuladores y desconcertantes, demasiado celestes para ser parte del cielo y, quizá, muy opacos como para brillar sobre el firmamento. Los suficientemente perfectos como para verme envuelto en tus religiones aterciopeladas. En fin, te creería cada mentira de por vida como pronunciamiento infinito de fe eterna sobre el dios de mis padres y cualquier credo humano, te cedería mi piel en cualquier recital porque realmente me enfermo en tus oraciones.
Todo esta lleno de amor, fúnebre y enfermizo amor, y el nuestro jamas aterrizo, nadie escucho el colisionar, simplemente se desmorono antes de poder realmente volar,
nuestros cuerpos se desplomaron, con intenso furor, y, demacrados ellos, saturaron sus sexos en masturbación. Los destrozos minusválidos de aquella azul yugular son solo alcobas que no recorrimos juntos al despertar. ¡ Famélica!, coqueta sonrisa que remarca mis cuadros con ansiedad y hambre de libertades sin pudor. No queda más que la nada en su misma mierda, sometida y silenciada, ridícula. Solo que yo. Tu y no-tu, los dos muertos en el no-yo que idealizaste sobre mí. Ya sufrí lo suficiente por los dos.
Ondas, aquellas azules metalicas que se tornan verdes,
deformes. Arrogantes.
Aquellas mismas ondas que forman patrones de odio en mi cabeza,
las que no dejan de burlarse de la coherencia y el deseo sobre tus gestos y posiciones al hablar.
El silbido, resonante,
dulce hiper balada
robusta armónica que atraviesa mi carótida,
¿Puedo sentirme feliz ahora?,
¿Sería más justo pensar?
¿Puedo esperar a ver bien?
----º----
Sentí en mi rostro a mamá,
aún reia de mis palabras,
esuchaba atenta mi voz,
dejaba que me mis ojos se cerraran y se estallaran incesantes al chocar.
De repente y siniestra,
construyó las torres en frente a mis ojos,
las dejo dóciles, quería que las derrumbara al crecer;
pero, al caer, ya no estabas del otro lado.
Despues de esperar, no esta mamá.
¿Dónde esta el amor?
¿Dónde está el dios de cada uno de nosotros?
¿Dónde está mi madre?
No me puedo sentir más o feliz,
no está ya el amor de mi mujer amarilla, infeliz a mi lado.
Nos extraño juntos, dulce María desgarrada,
desvergonzada mujer desvirgada,
tormento de contemplar tu pasado al lado mio.
Realmente te extraño. Dos
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