temblantes,
entre verdes afogarados y cuadrúpedos necios..
Esos bronceados tonos maliciosos que se unen cual aquelarre para deformar mi visión.
No es por el peso, es por lo avieso de sus gónadas estrechando mis esfínteres con guirnaldas lisurientas y abigarradas.
Y cuando eras joven, y tu corazón solía desear leer las fibras calientes, cantando maderos tormentosos, martirios solitarios y gente vagando abaja, muy abajo en el suelo. Cuando realmente las cosas que se acaban solo llegan a jugar al final del día y nosotros en la tibia mecedora, nos toqueteamos, coqueteando las marcas de la virilidad sempiterna se una vejiga arguardientosa, lánguida, disonante.
Y cuando eras joven, y tu corazón solía desear leer las fibras calientes, cantando maderos tormentosos, martirios solitarios y gente vagando abaja, muy abajo en el suelo. Cuando realmente las cosas que se acaban solo llegan a jugar al final del día y nosotros en la tibia mecedora, nos toqueteamos, coqueteando las marcas de la virilidad sempiterna se una vejiga arguardientosa, lánguida, disonante.
Nadie más ya se pregunta porque al día siguiente el sol saltara de nuestras ventanas, marchitando en el olvido algun pasado, y la luna, la maldita luna, anorexica descuidada, arrogante dama tosca, que me atormenta, se olvidaba embarazarte, hincharte la matriz atormenta, con alcohol ensangrentado mi garganta.
Zumbidos, tormentosos caracteres que se leen fríos,
bocanadas de penitencia entrecortada,
sonrisas que se asemejan a la plenitud y esa falsa caricia que desborda confianza. Arrugas del norte.
Como si no existieran, son zumbidos. Las palmas que decidimos asolapar en lugar de frotar, son esas mismas que nos recuerdan desde muy dentro que las reacciones sudorosas que ya no mordemos, solo rompen un poco más el brazo que no dimos a torcer.
Y allí estaba yo,
todo limpio mientras caía, y sus extrañas mejillas se retorcían tratando de hacerse, entre malabares siniestros, alas de cartón. Ellas se volvían, una y otra vez, un simple señuelo de pasión energúmena... Sabían muy bien que enternecian mi piel.
Cual "Cofradía" se unían con amor y todo lo que vi fueron hombres gordos y desnudos, mujeres tiesas y desgarradas, también desnudas, edificios viejos, que hablaban como tú, almohadas que cubrían las calles, una llama subterránea que hacia la vez de razón. Alguien un poco menos azul y... Cofradía, me iré a dormir antes que sacudas al denso poeta que hay en mi, antes de que sacudan la poca fe en mi . Estoy vivo en lo siniestro de tu placer.
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