Dame el oro a mí que yo haré el becerro -tengo miedo, no lo dudo- y los echare al azar junto con mis deseos.
Tengo dieciochos años desperdiciados mirando la nada y la televisión y sin esperar nada mas que creer que siempre tengo la razón sobre las cosas y que puedo doblegar voluntades contra-argumentando oniricamente verdades irrefutables.
Es tarde, hora de dormir. Me espera la esplendorosa muerte del coma temporal en mi téserac ragnárico
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