domingo, 26 de mayo de 2013

Domingo por la mañana


Sábanas que abrazan un cadáver antes de su travesía helicoide devastadora. La ducha suena tan placentera al ver caer millones de gotas sobre el cuerpo, mientras cada una posee aquel capullo monocromo. Entonces mira nuevamente las gotas y entre cada una ve dimensiones diferentes, cada una tristisima y acongojada- o tal vez sea porqué aún desnudo y bajo la regadera frunce el ceño-, rabiosas y Parálisis empieza a volar sobre la nube densa de pensamientos que rodea al joven y rechoncho cadáver.

Mira su cielo saturado y descompuesto, ve como sus carnes en composta se disparan hacia sus ojos. Siempre sube el volumen y entre ruidos estridentes estampa sus oídos en medio de los parlantes alejando la voz de aquel padre tan monótono que solo escupe ruidos marchitos. Dejar que envuelva, lentamente, acariciando el zurro de las frecuencias en demasía, presionando el mismo techo sin cielo contra el cuerpo,roca, vejado inquieto que de instintos frenéticos dispersan el halo de la sesión.
El desayuno tan asqueroso como siempre-decorado por la rutina, adjunto al mismo café amargo, una y media de azúcar y cuatro de café-, cada migaja y mendrugo tan asfixiantes como siempre.
Sólo quedará la música y la eternidad en esta sala solitaria mientras el Déjà vu de cadáveres crece en su rutina maquiavélica decadencia, dejándola ser- y ser, proceder, existir, ceder, petrificar y extinguir. Estropear, decernir, creer y corromper- y revitalizarse cual verbena de castas, radiante, distante. Aprisionante


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